Un día en Vaca Muerta, la reserva petrolera más atractiva de la región

Un periodista de Tiempo Argentino recorrió y vivió de cerca cómo es la rutina de los técnicos y operarios que trabajan de forma ingente para extraer los recursos de crudo y gas, objeto del deseo en Latinoamérica de las principales firmas del mundo.

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La secuencia transcurre en lo que a simple vista parecería ser un container, de esos que se apilan en las zonas portuarias de cualquier país del mundo. Una vez en el interior la percepción cambia rápidamente, con equipos de alta tecnología, pantallas que grafican los avatares de lo que sucede 3000 metros bajo tierra y un aire acondicionado que hace olvidar los más de 33 grados que se respiran afuera, temperatura que el uso obligatorio del mameluco y del casco correspondiente estira incluso algunos grados más. “Necesitamos que hagan silencio los próximos minutos  mientras el supervisor se comunica con el personal que está en el exterior”, reclama Hugo Guiñez, supervisor de YPF que hace las veces de guía, a un reducido grupo de periodistas que lo escucha.
Tras uno o dos minutos, no de tensión pero sí de expectante observación, los supervisores –dos de ellos mexicanos– se saludan y felicitan entre ellos como si se tratara del cuerpo técnico de un equipo de fútbol que acaba de ganar un partido uno a cero, tras soportar el asedio rival durante los cinco minutos de descuentos. Lo que acaba de finalizar en realidad es la “operación de fractura”, un complejísimo proceso necesario para extraer el petróleo de la roca que la contiene, a más de 3000 metros bajo tierra. Y que al cabo de unas pocas horas volverá a repetirse.
La acción que se acaba de describir forma parte de la rutina diaria de más de 70 operarios y técnicos que trabajan para YPF –muchos de ellos pertenecientes a Schlumberger, la proveedora de servicios donde hizo buena parte de su carrera profesional el actual CEO Miguel Galuccio– en el pozo 28 de la locación ubicada en Loma Campana, una zona absolutamente desértica ubicada a algo más de 100 kilómetros de distancia de la capital provincial. Además de una condición climática calurosamente hostil, quien pone un pie por primera vez en las locaciones donde se ubican los pozos de Loma Campana visualizará en la superficie una maraña de tuberías por donde circulan, bajo una altísima presión, el agua y arena necesaria para producir la “estimulación” de la roca, lo que en la jerga técnica se denomina “fracking”, palabra que en YPF prefieren evitar por las controversias medioambientales que suscita. Algunos de los trabajadores pasan hasta una semana entera en el campamento donde se emplaza la locación, tras lo cual descansan una semana en sus respectivos domicilios. Las mujeres brillan por su ausencia. “Ayer estuvo una ingeniera”, afirma Guiñez, como si se tratara de una rara avis.
Un repaso de la operatoria pone en evidencia las cuantiosas inversiones necesarias para la extracción del hidrocarburo, y explican no sólo la llegada de Chevron sino también el interés en la búsqueda de otros inversores de peso, locales e internacionales. Las tareas de perforación de la primera etapa incluyen la instalación del “casing”, cañería de acero de alta aleación y gran espesor, que baja a lo largo del pozo, y que luego se aísla con cemento para separarlo de las napas de agua y proteger las capas de roca durante la vida útil del pozo. El mismo proceso de aislamiento y protección se repite hasta alcanzar la formación geológica donde se ubica el shale, a unos 3100 metros bajo tierra. Una vez allí, concluidas las tareas de perforación, comienza la de los responsables de la “estimulación hidráulica”.
Desde las diez bombas instaladas por Schlumberger (por contrato hay dos adicionales en caso de falle alguna) circula un fluido compuesto en un 95% de agua, un 4,5% de arena y el resto de aditivos necesarios para producir y mantener la fractura, y luego el hidrocarburo fluya hacia la superficie. Además de los containers que hacen las veces de oficina, todo el proceso, que puede repetirse hasta dos o tres veces por día en el mismo pozo, puede ser monitoreado desde las oficinas de YPF en Puerto Madero.
Un detalle no menor: en medio de una zona desértica, dos horas de operación insumen unos 1100 metros cúbicos de agua, la cual debe ser traída con camiones desde el río Neuquén y almacenada en piletones de YPF. La arena, además, tiene ciertas condiciones específicas que hacen que buena parte de ella deba ser importada desde Brasil o China, utilizándose cerca de 5600 sacos de arena en el cierre de la fractura (uno 12.500 kilos).
“El volumen de agua y arena es lo que difiere de una fractura convencional”, explica Guiñez, quien una y otra vez defiende el proceso de fracking, incluso antes que alguno de los periodistas presentes lo cuestione. “En el río Neuquén circulan 500 metros cúbicos de agua por segundo, por cada fractura se utilizan 1700 metros cúbicos que de otra manera hubiesen ido a parar al mar”, explica uno de los técnicos de YPF, desechando con argumentos propios de la geología posibles daños ambientales. No obstante, confiesa no sin un dejo de amargura un reciente episodio familiar. “Papá, en el colegio dicen que estás contaminando el agua”, dice que le dijo uno de sus hijos poco tiempo atrás, una especie de bullyng ambiental. «
Añelo, de pueblo de paso a la meca del Shale argentina
De cumplirse las proyecciones más optimistas, las reservas de petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta contribuirán, en el corto y mediano plazo, al tan deseado objetivo de recuperar la soberanía energética. Mientras tanto, el desarrollo a gran escala de la explotación de hidrocarburos promete generar una serie de transformaciones de envergadura en algunas de las poblaciones más cercanas. Entre estas últimas, tal vez el caso más paradigmático sea el de Añelo, un diminuto pueblo ubicado a unos 10 kilómetros de los pozos de Loma Campana, que incrementó de 2600 a 5000 su población estable de habitantes en apenas tres años, y que promete convertirse en “la capital del shale”.
Impulsado por el auge de la actividad petrolífera, se espera que la ciudad albergue a unos 30 mil habitantes en los próximos años, en la mayoría de los casos de familias relacionadas directa o indirectamente con las compañías que explotan Vaca Muerta.
“Hay vecinos a quienes les explicás los planes que hay para el desarrollo del lugar para los próximos años y se te quedan mirando como diciendo ‘¿qué le pasa a este pibe, está bien o está loco?'”, contó a Tiempo Argentino Darío Díaz, intendente del municipio, distante a unos 100 kilómetros al norte de la capital provincial. La incredulidad de algunos de sus habitantes no tiene que ver ni con ignorancia ni con una subrepticia nostalgia y rechazo a los cambios, sino más bien con la verdadera metamorfosis que plantea el crecimiento del pueblo.
Y es que los planes proyectados para Añelo se asemejan bastante a la construcción de una ciudad desde cero, habida cuenta del escaso –o en algunos casos nulo– desarrollo actual de los servicios. Por ejemplo, en materia de salud, hoy la localidad cuenta con apenas un centro de primeros auxilios, razón por la cual la construcción de un hospital figura entre las principales necesidades. En este sentido, desde el municipio están trabajando con organismos provinciales, nacionales e incluso con YPF para definir un Plan Maestro que otorgue “armonía y sustentabilidad en el tiempo” al vertiginoso desarrollo del pueblo.
Ese programa, que estará listo en los primeros meses del próximo año, contiene el desarrollo urbano, el loteo de propiedades, escuelas, salud, seguridad, esparcimiento, la construcción de una zona residencial y otra industrial, la ampliación de la capacidad y distribución de energía eléctrica, red cloacal y desagües de las lluvias, esta última una de las principales preocupaciones de la autoridades. Es decir, todos los servicios necesarios para que deje de ser un “pueblo de paso”, según explican quienes siguen de cerca los diversos proyectos.
“Es como estar haciendo cinco pueblos juntos. Si hablamos de infraestructura, por ejemplo, el abastecimiento de energía hoy es de 15 megavatios, y será de 30 en menos de diez años”, precisó Díaz, hombre del Movimiento Popular Neuquino (MNP), partido que gobierna la provincia y que, a diferencia de otros tiempos, atraviesa una buena relación con la Casa Rosada.
Según el intendente, también se buscará aprovechar el potencial “agro-industrial y ganadero” de la zona, para diversificar el crecimiento y no quedar absolutamente dependiente de los hidrocarburos. Los cálculos más conservadores estiman que solamente en materia de infraestructura harán falta unos $ 2000 millones.
Algunos de los proyectos serán financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que actualmente trabaja con el gobierno local en torno de una serie de indicadores sociales y ambientales. También reciben aportes de los programas de responsabilidad social de algunas de las empresas que operan en la zona, entre ellas YPF, Total, Petrobras, Schlumberger y Apache, entre otras compañías.

“Varios vecinos lo viven con preocupación, otros con buenos ojos, el añelense no tiene noción de las dimensiones que toma la ciudad o la proyección de crecimiento, su población no ha divisado lo que se viene trabajando”, concluye el intendente.

Fuente: iNFO news

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