Industria mapuche: los negocios en la trinchera petrolera

Mueven sumas millonarias. Detrás de las legítimas reivindicaciones étnicas, hay un mundo tarifado.

El pertenecer a una comunidad mapuche o ser integrante de un pueblo originario no es solo una reivindicación étnica, sino que es tener la llave que abre la puerta a un sinnúmero de negocios que mueven anualmente millones de dólares. Eso pasa en Neuquén.

El reclamo de la familia Campo Maripe ante el Gobierno para que se le otorgue personería jurídica que los acredite como integrantes de la comunidad conlleva además la posibilidad de comenzar a cobrar la “servidumbre” (especie de peaje) por la ocupación y uso de los terrenos que las empresas deben abonar por ley a los superficiarios para poder desarrollar su actividad. Pero ese volumen de divisas es ínfimo si se lo compara con los negocios paralelos que surgen en esta relación de amor y odio entre comunidades y empresas.

El modelo más común es el alquiler de vehículos. Estas familias o comunidades crean pequeñas empresas bajo la figura de una Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL). Casi siempre, con el aporte de las mismas empresas que les facilitan el financiamiento adquieren camionetas o camiones que son alquilados a las mismas petroleras. Pueden ser tanto para el movimiento de personal como para mantenimiento de los caminos internos del yacimiento.

Otra metodología es la prestación de un servicio de seguridad paralelo al que tiene la empresa en sus instalaciones. Sostienen que habitando en el lugar, son ellos los que mejor conocen el movimiento dentro del yacimiento. La facturación también se canaliza a través de una SRL, alguna sociedad o cooperativa. Las negociaciones para alcanzar estos contratos de prestación de servicios están lejos en su gran mayoría de ser un espontáneo acuerdo voluntario de partes.

La experiencia de los gerentes de relaciones institucionales de las empresas habla de que previamente se debió transitar un largo camino de reclamos, cierre de tranqueras y piquetes sobre los accesos a los yacimientos. Sostienen, además, que en medio de las negociaciones siempre hubo agresiones a los vehículos y bienes de las empresas, tomas de instalaciones y “clavos miguelito” en los caminos.
Y dicen que hay una gran disputa interna dentro del pueblo mapuche con dos modelos a seguir y que tiene como máximo exponente lo que sucede en el yacimiento Loma La Lata y como protagonistas a las comunidades Paynemil y Kaxipayiñ.

Algunas se inclinan por seguir el modelo Paynemil, en donde conviven la empresa YPF y la comunidad sin agresiones pero bajo una continua negociación de partes. La lonco Elba Paynemil es, en definitiva, la que define qué empresa de servicios entra o sale dell yacimiento.

Como una suerte de empresa de inspección, Elba estuvo monitoreando la construcción de un repositorio para el tratamiento de suelos empretrolados. Las instalaciones estuvieron a cargo de la firma Oil M&S, en manos del empresario Cristóbal López. Obviamente, la familia percibe de YPF una compensación monetaria por el uso de su territorio mientras que el movimiento de suelos está en manos de Oil.

Como modelo antagónico se encuentra en el mismo yacimiento la agrupación Kaxipayiñ, de la familia Cherqui, quien entre otras actividades sostiene que cría de caballos de carrera cuarto de milla. Sin embargo, en el ambiente turfístico precisan que se dedican más a la compra y venta que a la cría, principalmente animales para cuadreras en el ámbito regional. La familia reconoce que, además, tiene un acuerdo rubricado con la firma Skanka, por el cual cobran el 10 por ciento sobre los beneficios que obtenga la empresa por contratos de trabajo en su territorio.

En este mundo de petróleo y negocios, y con un capital inicial de 16 mil pesos, se creó en 2009 la empresa La Lata SRL, cuyos titulares eran Rolando Gabriel Cherqui y Valeria Silvana Farías. Su razón social es la prestación de servicios de mantenimientos de equipos eléctricos, mecánicos, soldaduras y reparaciones, y también el alquiles de vehículos livianos, medianos, tráileres, y maquinaria pesada, de vehículos propios y de terceros. Según precisa la página del Banco Central, en marzo de este año La Lata SRL emitió 11 cheques sin fondos por un total de unos 341 mil pesos. En junio de 2013 se creó Belcher, otra sociedad de responsabilidad limitada con un capital inicial de 300 mil pesos. Sus socios titulares eran Gabriel Cherqui y Ana Elizabeth Beltrán Salas. La firma está habilitada para la prestación de servicios de transporte de pasajeros, de carga, servicios ambientales incluyendo la operación, gerenciamiento y mantenimiento de sistemas de remediación, informes de auditorías de calidad de suelos, agua y aire y evaluaciones ambientales. También puede alquilar y operar equipos viales livianos y pesados, y dedicarse a la construcción de obras civiles, hidráulicas y viales.

Una consultora entre YPF y las comunidades

La comunidad Kaxipayiñ mantiene ahora un conflicto con la empresa YPF por las actividades de remediación ambiental que la petrolera nacional realiza en el yacimiento Loma La Lata, cerca de Añelo.

La petrolera señala que Cherqui impuso la contratación como consultora de la firma Femun, una SRL constituida en marzo del año pasado con un capital inicial de 12 mil pesos.

Al principio, sus socios eran Martín Islas y Miriam Silvana Riquelmes. Posteriormente, Riquelmes le vendió su participación en la firma al ingeniero ambiental Lucio Filippi, casado con Leticia Arguelles, quien posee un estudio de abogacía.

Este servicio de asesoramiento tiene un costo mensual que supera los 300 mil pesos, pese a que desde la consultora se intentaba llegar a un monto de 800 mil pesos mensuales, cosa que finalmente no prosperó por la desmesura.

También hay conflicto con el alquiler de las camionetas a la firma Astra Evangelista.

Ahora la petrolera se niega a contratar el servicio si los seguros no están al día, como así tampoco a abonar los servicios ante una incorrecta presentación de facturas.

Los Cherqui apoyan a los Campo Maripe en sus reclamos de reconocimiento como comunidad mapuche.

En este increíble ajedrez, en el que difícilmente se puedan separar los intereses étnicos de los negocios puros y, vale recordarlo, millonarios, se incorporó Jorge Nahuel, titular de la Confederación Mapuche y lonco de la comunidad Newen, aunque algunas comunidades todavía no lo reconocen como tal.

Fuente: Independencia Energética

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