Por qué el Gobernador de Nueva York se equivocó al prohibir el fracking

Por Jeremy Carl* (traducción de Independencia Energética).

“Yo siento que los habitantes de Nueva York son mis pacientes”, dijo el Ministro de Salud de la ciudad, Howard Zucker, haciendo referencia a las razones por las cuales le recomendó al Gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, prohibir el fracking y desarrollar los recursos de gas natural. El Comisionado de conservación del medio ambiente de Nueva York adhirió a esta recomendación que el Gobernador rápidamente aceptó.

Pero si los habitantes de Nueva York fueran realmente pacientes de Zucker, deberían demandarlo por mala praxis, porque la prohibición del fracking en Nueva York no tiene nada que ver con la salud pública, es una decisión sin fundamentos científicos, una decisión política que perjudicará al país por el sólo hecho de complacer a un grupo de ambientalistas de extrema izquierda.

Nueva York se convirtió en el primer estado con reservas de gas comercial que prohibió la práctica que ha revolucionado a la industria energética estadounidense. La técnica del fracking
consiste en inyectar arena, agua y una pequeña cantidad de químicos en las formaciones, para fracturar las rocas y de esa forma recuperar el gas y el petróleo que se encuentra en las mismas.
Este método le permitió a los Estados Unidos de América ahorrarse miles de millones de dólares y contribuyó a reducir las emisiones de dióxido de carbono y fortalecer la posición geopolítica y la seguridad energética de EE.UU.

La frustración que muchos sentimos con esta decisión no es sólo una guerra partidaria. Si bien soy conservador, no estoy en contra de las energías alternativas. De hecho, trabajé sobre temas
energéticos y ambientales tanto para políticos republicanos como para demócratas. (Recientemente fui co-autor de un reporte, junto al ex senador demócrata, Jeff Bingaman, sobre maneras
inteligentes para potenciar las energías renovables, y trabajé en proyectos para promover el desarrollo de energías alternativas junto al Secretario de Energía, Ernest Moniz).

Sin embargo, soy hostil al engaño, sobre todo cuando lo llevan a cabo personas que se encubren bajo el manto de la ciencia. Y eso es exactamente lo que está sucediendo aquí.

El fuerte concenso en materia de investigación sobre la fractura hidráulica es que, en general, es buena para el medioambiente, la economía y para nuestra posición geopolítica. Los Estados
Unidos de América han visto como se redujo de manera considerable la emisión de dióxido de carbono a nivel nacional, en gran parte como resultado del uso del fracking, que permite que el gas natural sea barato y abundante y que desplaza al carbon que es más sucio y contaminante. Además, el fracking le permitió a EE.UU. convertirse en el productor líder de petróleo a nivel mundial en 2014.

Los resultados económicos del fracking también son altamente positivos. IHS, quizás una de las consultoras energéticas más respetadas del mercado, dijo que la industria puede brindar trabajo a cerca de 3.3 millones de habitantes y más de 125 mil millones de dólares a las arcas del Estado a través de ingresos tributarios en 2020. Para 2025, una familia promedio ahorrará 3.500 dólares al año gracias a la fractura hidráulica, un número interesante para un país en el que los ingresos anuales de una familia son de aproximadamente de US$ 52.000.

Y el apoyo al fracking no está dividido por partidos políticos – Moniz ha dicho que el fracking es seguro y es “un puente hacia un futuro bajo en carbono”, una conclusión apoyada por varias Agencia de Protección del Medio Ambiente y por la ex Administradora de Protección Ambiental de Obama, Lisa Jackson. Para no ser menos, el ex secretario de Energía, Steven Chu también ha declarado que “esto es algo que puede hacerse de una manera segura.” Todos estos líderes han sido asíduos defensores de las energías renovables, y ninguno podría ser acusado de ser un peón de los intereses de los combustibles fósiles.

Por otro lado, la integridad de algunos de los más grandes y poderosos críticos hacia el fracking está gravemente comprometida. Algunas películas anti-fracking como Gasland y Gasland II han sido ampliamente cuestionadas por contener muchas afirmaciones dudosas que los han desacreditado. Michale Brune, director ejecutivo de Sierra Club elogió la decisión de Nueva York. Sin embargo, entre 2007 y 2010, mucho después de que la revolución del fracking estuviera en marcha, se informó que Sierra club había tomado más de 25 millones de dólares de perforadoras de gas natural para financiar su lucha contra el carbón (promoviendolo como una alternativa más limpia).

Por supuesto, hay costos y beneficios dentro del fracking. Y es posible que, en algún punto, aparezca nueva información que cambie nuestra forma de pensar. Pero ya se han fracturado decenas de miles de pozos en EE.UU. y los resultados positivos están a la vista.

El aumento de la producción de gas natural podría haber traído miles de millones de dólares y miles de puestos de trabajo, sobre todo al Sur de Nueva York, que se asienta sobre la formación Marcellus Shale, una de las posibles fuentes de gas natural más ricas de los Estados Unidos de América. La prohibición de Cuomo será particularmente devastadora para los neoyorquinos pobres, que deberán enfrentarse a las altas facturas de calefacción del hogar debido al gas importado que es mucho más caro.

Por desgracia, la prohibición en Nueva York ha encendido la alarma en otros estados. Pero también tiene implicaciones geopolíticas. El auge del fracking y la producción de tight oil en los Estados Unidos de América ha ayudado a socavar el prestigio internacional de Rusia contribuyendo al desplome de los precios mundiales del petróleo. La capacidad del país para producir y potencialmente exportar más gas natural de manera similar podría reducir la capacidad de Rusia para aprovechar las exportaciones de gas natural a Europa.

Así que a la luz de la ciencia, la economía y la geopolítica, ¿por qué Cuomo apoya la prohibición? En la conferencia que brindó después de tomar la medida, el Gobernador probablemente se acercó bastante a lo que hay detrás de esta decisión cuando dijo que era “probablemente el tema más cargado de emociones que ha experimentado.”

“Yo no soy un científico”, dijo, usando la misma fórmula que la de un número de legisladores republicanos que han sido objeto de críticas por usar al fracking como chivo expiatorio contra el cambio climático. Bueno, la ciencia y la política de la prohibición estatal sobre la fracturación hidráulica es fácil en comparación con la complejidad de la comprensión del sistema climático global. Y si Estados Unidos de América sigue el terrible ejemplo de Nueva York, las consecuencias estarán a la vista de todos, tanto expertos como inexpertos.

*Jeremy Carl es investigador de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford y Director de Investigación del Shultz-Stephenson Task Force en políticas energéticas.

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