El plan Vaca Muerta de Neuquén

El gobierno neuquino prepara un paquete de medidas financieras para canalizar la renta extraordinaria que generará la producción no convencional en la provincia. El “plan Vaca Muerta” aspira a generar herramientas para absorber los 6.000 millones de dólares de ingresos nuevos que llegarán gracias al shale y que según el Ejecutivo empezarán a pesar en las cuentas públicas a partir del 2017. Se trata de un nuevo intento por aprovechar las “joyas de la abuela” para fomentar el desarrollo.

Fuentes del gobierno explicaron cuáles son los principales lineamientos de este programa, que aspira a crear una serie de fondos fiduciarios para financiar obra pública y para compensar los déficits presupuestarios y jubilatorios de la provincia. También apunta al desarrollo de nuevos instrumentos para impulsar la diversificación productiva y las energías verdes, algo que la provincia pregona desde hace medio siglo pero que nunca pudo concretarse.

El “plan Vaca Muerta” no se lanzará de forma unificada sino paulatina y será una de las principales políticas públicas en los meses de transición hasta que Omar Gutiérrez asuma el mando en diciembre. Mientras tanto, un Jorge Sapag activo busca aportes en Buenos Aires y anticipa qué medidas deberá tomar la gestión nacional que venga para fomentar el arribo de esas inversiones.

La idea central de este programa se basa en experiencias como la noruega con el petróleo o la chilena con el cobre. Se apunta a canalizar los fondos extraordinarios para que oficien de reserva para tiempos difíciles y obras y no terminen volcados en gastos corrientes. Neuquén intentó varias veces con escaso éxito aprovechar la “bendición” petrolera. Vaca Muerta renueva ahora esa posibilidad.

El corazón del programa es la creación de al menos cuatro fondos fiduciarios que administrará la Fiduciaria Neuquina, órgano que se creó para manejar el dinero de la renegociación petrolera en el 2008 y que según el Ejecutivo fue efectivo en esa tarea.

El primer fondo que se creará, cuyo decretó saldrá a la luz en los próximos días, estará destinado a obra pública. No sólo se buscará compensar el déficit de infraestructura para la zona petrolera, sino que se piensa en un concepto amplio, que incluya escuelas, rutas y hospitales en todo el territorio.

“Los fondos provendrán de líneas internacionales como las del BID, la Corporación Andina o el Banco Mundial. También de otras líneas particulares, como la del fondo árabe que financió la represa de Nahueve”, explicó una alta fuente del Ejecutivo.

A su vez, indicó que ingresará dinero de los aportes nacionales, como aquel de 1.000 millones de pesos que se prometió tras el acuerdo YPF-Chevron. “Queremos agilizar esas partidas”, enfatizó la fuente, y recordó que parte de esos pesos aún no llegó a Neuquén.

Lo propio hará la provincia con dinero de regalías, aunque se espera que las empresas petroleras también aporten dinero. “Si vamos a construir un parque industrial como el que plantemos en Añelo, ellos podrían volcar el dinero a este fondo fiduciario para que nosotros hagamos la infraestructura básica”, explicaron desde el gobierno.

Si bien esta es la más avanzada de las herramientas, hay al menos otros tres fideicomisos en carpeta. Uno de ellos aspira a ser una suerte de fondo anticíclico de “equilibrio fiscal provincial”, según lo definieron en Roca y Rioja. El ejemplo que ponen es el del Fondo de Estabilización Económica y Social de Chile, cuyo aporte inicial fue a partir de la renta de la exportación de cobre.

Uno de los objetivos centrales será también cubrir la deuda neuquina, buena parte de la cual está dolarizada y en manos de acreedores privados.

Por otro lado, Sapag retomó una vieja idea crear un fondo “a la noruega” para compensar el creciente déficit de la caja previsional provincial que maneja el ISSN. Este año, el Tesoro aportará unos 500 millones de pesos para cubrir ese rojo. La idea es que este fideicomiso cubra ese déficit y a la vez haga trabajar el dinero que pudiera sobrar, un ejemplo en todo caso más parecido al de Fondo de Garantía de Sustentabilidad de Anses.

El último de los fideicomisos que se planea será uno destinado a la reconversión productiva y al desarrollo de energías renovables. En principio, sería una versión más sofisticada del Iadep, el organismo creado por Jorge Sobisch cuestionado por repartir “créditos para los amigos”.

En el gobierno creen que será necesario acompañarlo con un banco de proyectos o programas de desarrollo de nuevas empresas. También habrá un capítulo educativo, para alinear a las universidades con las escuelas y los sindicatos a través de distintas plataformas, así como el desarrollo de congresos y seminarios.

Las herramientas pueden ser las mejores, pero el dinero no viene solo. Durante su alocución en el Club del Petróleo esta semana, Sapag describió cuál sería a su criterio el mejor escenario para que esto ocurra.

Por un lado, abogó por la estabilidad económica y jurídica. Pero también puso el foco en la sustentabilidad social y ambiental de los proyectos, una agenda que el gobierno aspira a no dejar descubierta frente al alto impacto de los no convencionales.

Al la hora de atraer inversiones, también se apela a la creatividad. Según explicó el gobernador, suele recibir a decenas de inversores por mes que buscan participar de algún modo del desarrollo no convencional en Neuquén. El problema es cómo canalizar ese dinero que pueden aportar. En otras palabras, unir a los extremos: el prestamista ávido de una renta y las empresas que necesitan dinero para poner en los pozos.

De aquí podría surgir la idea de otros fideicomisos –a esta altura, una palabra de moda–. En este caso podrían ser públicos o privados y serían de carácter financiero. El problema, claro está, es que los proyectos deben ser lo suficientemente rentables como para atraer a inversores que a menudo no están acostumbrados a los vaivenes del mundo petrolero, con precios que pueden desplomarse un 40% en pocos meses y gastos exploratorios a pérdida.

Parte de estas ideas salieron de la usina del Copade, que semanas atrás presentó un preocupante diagnóstico del impacto en la infraestructura que tendrá el desarrollo de Vaca Muerta.

Y como primer tema de este capítulo se avanzó en el desarrollo territorial. Ayer se publicó un decreto que ordena el “mercado” de los parques industriales, zonas que quedaron saturadas por la creciente radicación de empresas en la zona.

Como premisa central, se obliga a todas las firmas que lleguen a instalarse en estas zonas especiales y a su vez ordena que se ubiquen fuera de los ejidos urbanos.

El primer ensayo bajo está normativa será el parque provincial de Añelo, cuya puesta en marcha viene retrasada en medio de una serie de contratiempos.

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